
Difícil es escribir en una hoja, en un pedazo de papel, lo que vivimos.
Aquella aventura de la cual podría hablar horas; hoy, ahora, en este momento -no en el instante en que se lea- quiero contarles que me resulta complicado redactarlo.
Como todos los años y por la voluntad de los alumnos de 3º Año Polimodal del CEPT Nº 7, junto con el Consejo de Administración, personal auxiliar, las distintas comunidades visitadas, docentes y alumnos, se llevó a cabo la Cabalgata con ‘C’ mayúscula.
Este fue un proyecto titulado: ‘Pensando nuestra identidad: También Araucanos’.
Desde ahora, con una introducción elaborada, me propongo contarles lo que pasó:
Salimos el lunes por la tarde. A la mañana habíamos tuzado, acomodado todo y ensillado.
Antes de salir sólo faltaba atar a las yeguas que le pondrían el pecho al trayecto tirando del carro y del sulky que nos acompañaba para llevar las provisiones.
En este momento tuvieron lugar las quejas, las fotos y el aplauso de los chicos que se quedaron a estudiar.
Tomamos la calle, miramos lejos y aún se veía camino. Cuando estaba oscureciendo llegamos a Victorino de la Plaza; saludamos y nos encontramos con los chicos del CEPT de Casey.
Hicimos el fogón, la técnica de presentación y pasamos a trabajar con la comunidad.
El martes a la mañana nos despertamos y emprendimos el viaje hacia el campo de Mario Alexandre. Mañana fría si tendría que describirla.
En mi caso particular, volví al pago, ya que soy oriundo de aquella zona y fuí, por algunos momentos, hasta guía del camino.
Sobre las tres de la tarde partimos hacia estación Casey. Me resulta difícil dibujar con palabras lo que allí había vivido, lo que hubo cuando yo fui niño: vacas en la calle, pasturas, verdeos, tropillas arregladas; y fue complicado observar y mantener la mirada, cuando vi que el boulevard de ‘San Pedro’, campo en el que trabajó mi abuelo, estaba lleno de ramas que impedían el paso.
Sobre la tardecida llega-
mos a Casey. Largamos los caba-
llos, nos bañamos, cenamos y decidimos ir a dormir.
El miércoles por la tarde fuimos a trabajar con los chiquitos de la EPB Nº 7 del Paraje Casey, con quienes armamos la bandera araucana y las madres nos convidaron con torta. La despedida fue más que calurosa. Luego realizamos un taller con los chicos de Tercer y Cuarto Año del CEPT de ese lugar.
A la noche armamos el fogón y trabajamos en un taller con la gente del lugar. Pero bien entrada la noche tuvimos que despedirnos.
El jueves partimos a Paraje ‘La María Antonio’, allí trabajamos con los niños y comimos un asado.
A la tarde partimos hacia la localidad de Garré, donde antes del asado trabajamos con los lugareños.
El viernes a la mañana temprano, antes que el sol saliera y después que el gallo cantara, estábamos levantados. Y me detengo aquí, porque en ese momento se cruzaron las emociones, se juntó la alegría y la nostalgia. Sabíamos que sería la última vez que montaríamos. Todos lo supimos, pero nadie se atrevió a decirlo. Entonces, partimos.
La tormenta nos acompañó toda la mañana, pero el cielo estuvo de nuestro lado. Nos mojamos sólo en los últimos mil quinientos metros.
Recibimos el grato aplauso de ‘los que se quedaron’ pero que nos acompañaron sin darse cuenta.
Luego desmontamos, nos miramos, pero no nos saludamos. Quizás, por miedo a que la emoción nos invadiera.
Cada uno de nosotros pensó: ‘Todo terminó, qué pena’.
Adentro nos esperaba el café y el mate caliente.
Claudio Galván
Alumno de Tercer Año Polimodal